|
A lo largo del XIX
y en las primeras décadas del XX,
conoció Berlín un crecimiento demográfico
esplendoroso, lo que convirtió a la primera ciudad
del país prácticamente en la tercera capital
europea junto París y Londres
y corazón político indiscutible de la
Gran Alemania que fue configurándose por esos
mismos años. Berlín llegó
a ser un centro de sociedad y cultura equiparable al
mismo París justamente en los paradójicamente
muy duros años de la República
de Weimar (1918-1933).
No es de extrañar, teniendo
en cuenta su pasado, que Berlín fuese de inmediato
escogida como la capital de la nueva Alemania reunificada,
tan pronto fue derribado (en 1989)
el muro que separaba la ciudad occidental de la oriental
y el resto de la RDA. No solo por el
simbolismo del viejo Berlín
sino por su pasado rutilante y su tradición de
capitalidad política, cultural y financiera.
Berlín había pasado décadas inserto
en el territorio de la antigua Alemania
oriental, pero tres cuartas partes habían estado
desde el principio (1945, final de
la guerra) en manos occidentales.
El muro separaba el Berlín occidental
(el administrado originalmente por estadounidenses,
británicos y rusos) del oriental (administrado
por la URSS). Pero la población
occidental (que no podía evitar sentirse una
islita occidental en medio de un mar socialista) fue
abandonando la ciudad, acaso por un sentimiento
de inseguridad en el contexto de los duros años
de la guerra fría. Era inevitable sentirse rodeado
por las criminalizadas (por Occidente)
administraciones socialistas.
Los bombardeos aliados durante la Segunda
Guerra Mundial destruyeron buena parte de Berlín.
La capital de Alemania fue durísimamente castigada,
como lo fue Varsovia, que también fue destruida
en su mayor parte.
Hay en Berlín una
buena provisión de pinacotecas y museos varios,
y sus lugares de interes y monumentos no dejan de estar
a la altura de lo que se espera del centro político
de una de las grandes naciones de Europa.
No tiene el tamaño de París o Londres,
pero en sus avenidas y plazas puede rastrearse parte
del pasado de Alemania.
Berlín es una ciudad espléndida
para el viajero ilustrado pero sus atractivos no coinciden
exactamente con los esplendores parisinos o londinenses.
En Berlín quien encontrará su paraíso
es el devoto de la Política y sus desarrollos
en la Historia, en especial en la del angustiado siglo
XX. Sí, Berlín rezuma política,
no sólo cultura. Política o su recuerdo.
Los restos del muro legendario, las calles del antiguo
Berlín oriental. La AlexanderPlatz. Caminando
por el empedrado oriental, el viajero ilustrado recreará
las vidas de las dos o tres generaciones de alemanes
del Este que vivieron arrojados a un sistema económico
y a una cultura y cosmovisión
absolutamente divergentes de la de sus parientes del
oeste.
|