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Alemania fue hasta bien avanzado
el siglo XIX una nación sin
apenas peso político y económico. Su prestigio
(grande) era cultural. Una tierra de filósofos,
músicos, poetas. La Tierra de Heine, de Goethe,
de Kant, de Hegel, de Schopenhauer,
de Beethoven, de los austríacos Mozart
o Haydn. La tierra del espíritu y sus
refinamientos. Pero en absoluto podía compararse
aquella Alemania anterior al XIX con Francia
o Inglaterra y su efervescencia material. Un francés
de visita en Alemania en el siglo XVIII podía
mirar -y lo hacía- a un alemán de arriba
a abajo. Todo cambió en la primera centuria de
la Edad Contemporánea (el XIX).
A lo largo de ese siglo, Alemania se
unificó y comenzó a preocuparse por lo
material, lo económico, lo cientítico
lo industrial y lo hizo de una manera paroxística.
A finales del siglo XIX era Alemania una de las mayores
potencias económicas e industriales -acaso la
más grande del viejo continente.
Poco quedaba ya de aquel pueblo de pensadores y filósofos
y artistas que preferentemente había sido hasta
un siglo antes. La Alemania de Bismarck hacía
oír ahora su voz en Europa y era una voz ensordecedora.
En sus manos tenía varios cetros: uno de ellos
el de meca de la Ciencia Experimental.
Hasta los 1940, sería en Alemania
donde iban a hacerse las mayores contribuciones a la
Historia de la Ciencia. El nuevo paradigma en el que
entrarían las Ciencias Física el de la
la mecánica cuántica y la Relatividad
General allí surgió y floreció,
o en su inmediato entorno cultural (Austria). Heisenberg,
Einstein, Planck (con él empezó
todo) o el austriaco Schrödinger.
Algunos alemanes reflexionaron sobre
este espectacular cambio, como el magnífico escritor
y humanista Hermann Hesse. No dejaron
de preguntarse acerca el destino de esa nueva Alemania
tan volcada hacia lo material y tan divergente de la
anterior, tan espiritualizada. Pero la arrogante Alemania
de la Química Industrial iba a pegarse un monumental
batacazo en 1914-1918.
A finales del siglo XIX,
con Alemania convertida en primera potencia económica,
sus dirigentes reclamaron su parte del pastel colonial.
Pero este ya estaba repartido, principalmente entre
Francia e Inglaterra. A Alemania le dieron a chupar
el cuchillo. No tardó en estallar la primera
Guerra Mundial. Tras carnicerías increíbles
en el continente, se llegó al fin a la
paz, en 1918. El encarnizado Tratado de Versalles
que los vencedores impusieron a Alemania preparó
el camino al resentimiento y al ánimo de venganza.
Hitler surgió -al menos en parte- de Versalles,
y también la Segunda Guerra Mundial.
El nazismo -en el poder desde
1933 y hasta la derrota de 1945- fue un auténtico
desafío antropólogico. ¿Como pudo
surgir una ideología tal y desarrollarse en el
país más culturalmente más refinado
de Europa? El nazismo no fue sólo
un horror político sino una extrañísima
cosmovisión que llegó incluso a apartarse
del paradigma científico vigente en los años
20 y 30, para adoptar extrañísimas cosmovisiones
semiocultistas. En la Historia de Europa y en la de
Alemania, el nazismo fue, ante todo,
un enigma. Algo que no sólo se explica por el
revanchismo de Versalles.
Alemania quedó en ruinas tras
1945. En los años 1960 volvía
a ser una potencia industrial, y en 1990
incorporó el trozo que le fue amputado a finales
de los 40 y que cayese dentro del Bloque Socialista:
la Alemania Oriental. Los tremendos costes de la reunificación
han sido muy elevados. Tantos que podrían costar
a Alemania su preeminencia económica.
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