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Castillos Alemania  
 
Alemania es tierra de Castillos. Una excelente oportunidad de captar algo del espíritu medieval puede ser deambular por el interior de un castillo o por sus inmediaciones.

Un lector de Hoffmann no debe perderse esta experiencia, ni un aficionado a la novela gótica. En la misma Alemania, tiene un devorador de Walpole o de Anne Radcliffe la oportunidad de introducirse en uno de esos escenarios. La Edad Media fue revisitada por el romanticismo y sus escritores y poetas, y fue la tierra alemana uno de los epicentros del romanticismo. Sí, uno puede colarse dentro de las hojas del libro que esta leyendo. Uno puede acercarse a un Castillo.

Están abiertos al visitante. Algunos son residencias privadas que permiten algún tipo de actividad cultural y pública en algunas de sus zonas; otros son hoteles o albergan museos o actividades que nos hacen retroceder un milenio. Banquetes medievales, conciertos con instrumentos de época. Wartburg en Turingia, es uno de los más antiguos, y data de hace unos 1000 años. En sus inmediaciones hizo Lutero la traducción de la Biblia. Y de las actividades de Lutero -de su irrupción en la cultura- emana buena parte del mundo que nos rodea hoy, de su decorado cultural.

El castillo de Heildelberg, tiene un carísima zona residencial en torno suyo: permite retozar en la remembranza elegante y disfrutar de las suavidades más actuales.

El de Schwetzingen tiene una estructura básica de origen medieval, pero data en buena parte del siglo XVIII. Varios estilos se aúnan en él, pues el Tiempo en su marcha va solapando estilos: Barroco, rococó, clasicismo. Junto al castillo, en la Plaza, se despliegan los cafés y los restaurantes, de nuevo la combinación (sin duda deliciosa) de remembranza e historia y los pequeños y quizá refinados placeres semigastronómicos.

En las inmediaciones de Stuttgart son siete los castillos que nos salen al paso. El Castillo nuevo data de 1746. Rastatt: construido entre 1700 y 1707, residencia barroca inspirada en el Palacio de Versalles. El castillo de Hohenzollern, desde hace un milenio residencia de la casa homónima, a la que pertenecieron los reyes de Prusia. Ofrece exposiciones, conciertos, teatro.

El castillo imperial de Nurenberg. Moraron en él y entre 1050 y 1571 los emperadores del sacro imperio romano germánico, esa improbable continuación del Imperio Romano. En las estancias del castillo encontramos muebles, pinturas y tapices de los siglos XVI y XVII. Los castillos ayudan, en definitiva, a devolvernos la imagen de la otra Alemania, es decir aquella anterior a la histeria industrial, un poco al modo que los haikus y otras mínimas elegancias nos remiten al antiguo y casi desvanecido Japón.