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Sin embargo, al llegar a la entrada
del pueblo, sus ojos no dan crédito. El
GPS no puede ayudarle a llegar hasta la calle
Santa Fe, justo el nombre de uno de los modelos de automóvil
de su empresa, en un lugar que ahora se llama HyundaiTrittenheim.
Sorprendido, sigue al resto de vehículos de sus
colegas hasta el centro del pueblo, donde reciben a
los más de 1.000 comerciales
de la empresa citados para la convención en una
antigua bodega.
Esta iniciativa existe y es una idea
de la agencia alemana de marketing y organización
de eventos Xnet. La compañía
disfraza corporativamente pueblos enteros en Alemania,
Suiza, Austria e incluso, viste del color de la marca
el Principado entero de Liechtenstein
para celebrar allí encuentros empresariales
"distintos". Eso sí, el príncipe
no está incluido en el precio. "Se trata
de huir del frío e impersonal entorno de un hotel
urbano para disfrutar de la naturaleza. El ambiente
que se crea es muy diferente, incluso para trabajar",
explica por correo electrónico a este periódico
el consejero delegado de la empresa
Karl Schwärzler.
La compañía ha organizado
ya más de 50 convenciones para empresas. "Estamos
preparando dos para próximas fechas", explica.
Peugeot, SAP, Wyeth Pharma o PricewaterhouseCoopers
son algunos de sus clientes. Cuentan con cuatro pueblos
en Austria, tres en Alemania y dos en Suiza,
además del Principado de Liechtenstein. Están
buscando lugares en Italia y el Reino Unido.
La idea surgió del aburrimiento.
En 1996, tenían que preparar un encuentro de
esquí para pilotos y los clientes estaban cansados
de los sitios de siempre. Schwärzler regentaba
un hotel en Brand (Austria) y se le ocurrió hospedarles
a todos juntos en el pueblo, que se llenó. En
el año 2000, crean la idea Rentavillage
(alquile un pueblo), con las actividades y ofertas actuales.
Unas atentas azafatas entregan a nuestro
compañero Schmidt y a sus colegas un nuevo plano
de la ciudad. Allí, descubren que todas las calles
se llaman como los modelos de automóviles de
Hyundai. Hay pancartas y banderas de
la marca por todas partes y la gente en los bares y
hoteles lucen camisetas corporativas. Sin embargo, la
sorpresa que será el tema de conversación
favorito de la mañana es el reparto de habitaciones.
La organización entrega las
llaves mediante un sorteo, lo que provoca extraños
compañeros de pasillo y que
tres compañeros de Schmidt duerman en el mejor
hotel del pueblo mientras que su jefe de sección
haya ido a parar a la pensión de menor categoría.
Aún riendo entre dientes, Schmidt se acerca a
la casa de cambio donde sus euros se convierten en eurohyundais.
"El programa de las jornadas se hace a medida de
la empresa y de sus necesidades. Ellos colocan sus reuniones
como les conviene y luego, les ofrecemos actividades
para hacer en el tiempo de ocio. También organizamos
cualquier petición que tengan", asegura
Schwärzler.
El precio oscila entre los
250 y los 500 euros por persona y noche y suelen
recibir entre 80 y 1.200 personas por evento. Xnet emplea
a unas 250 personas para cada congreso. Se tarda entre
tres meses y un año en planificarlo y se puede
montar en un mes o en una semana, según el tamaño
del evento. Schmidt respira el aire
fresco mientras sigue a sus compañeros hacia
el lugar donde almorzarán. Ya han tenido un par
de reuniones, una de ellas en un granero, y el paseíto
por entre los viñedos le despeja la mente. En
una panadería, una dependienta le ha contado
que vive allí todo el año y que hay varias
convenciones de empresas.
"Son los turistas que mejor pagan",
afirma Schwärzler. "Elevan las tasas de ocupación
en temporada baja en pueblos que viven del turismo.
Entre un 60% y un 70% de los gastos
de la convención revierten en el lugar",
continúa el responsable de Xnet.
La agencia informa e involucra a los habitantes de los
pueblos en la preparación y desarrollo. Schmidt
recoge su maleta con una sonrisa. "Curiosa
experiencia", piensa. Ha preparado vino
con sus manos, ha ganado las olimpiadas con sus compañeros
de sección y ha ayudado a su jefe con las manualidades.
Parece que ahora le cae algo mejor. Incluso ha conversado
un rato con una chica de la empresa y eso que nunca
encontraba el momento idóneo para abordarla.
"Esta iniciativa es muy buena para la comunicación
entre compañeros y para estrechar la relación
entre equipos. Genera experiencias comunes que sirven
para comprenderse mejor en el día a día",
explica Schwärzler. Nuestro Schmidt no es real
pero podría existir. En 2002, Hyundai organizó
uno de estos eventos en Trittenheim para sus comerciales
en la presentación del Hyundai Getz.
"La experiencia se hizo popular en Europa y las
ventas del Getz se dispararon por encima de la producción",
cuenta Schwärzler.
Más allá del
discurso y el cóctel
Las modas cambian y llegan hasta la organización
de eventos. La típica reunión con el discurso
del presidente y el canapé y el cóctel
se llevan cada vez menos. Para agasajar a los clientes
y reunir a los empleados, la tendencia es ser original
y si se puede, espectacular. Es el caso de Porcelanosa,
que alquiló el transatlántico Queen
Mary II y embarcó en él a sus
2.600 mejores clientes, que incluían arquitectos,
diseñadores, altos directivos de las principales
inmobiliarias y promotoras y decoradores. El barco zarpó
de Southampton y llevó a sus pasajeros
en un crucero de siete días por el océano
Atlántico hasta Nueva York, evento que podría
tener un coste superior a los 10 millones de euros.
Fuente: El Milenio
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